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martes, diciembre 24

CUENTO DE NAVIDAD

  Sucedió en la noche de Nochebuena, la noche antes del día de Navidad…

   En un bonito lugar vivía una pequeña niña llamada Sonia. Era muy alegre, buena y responsable.

Esa noche, después de la cena familiar, la pequeña Sonia se despidió de sus papás y abuelos y se fue a la cama muy emocionada, porque esa noche recibiría una visita muy especial que venía desde muy lejos, Papá Noel. Cansada de dar vueltas y más vueltas en la cama sin poder dormir, dijo:

-Esperaré a Papá Noel despierta y así, podré verlo llegar en su trineo mágico-

Pero la niña estaba demasiado cansada y poco a poco, sus pequeños ojos se fueron cerrando, se quedó dormida y tuvo un bonito sueño. Soñó con un bello y mágico lugar, sus calles estaban completamente blancas cubiertas por la nieve… había enormes árboles adornados con guirnaldas y muchas luces de colores… las casas eran de chocolate y había muchos seres diminutos muy simpáticos. La pequeña Sonia se dio cuenta de que estaba en el Polo Norte, en Laponia y allí, vivía Papá Noel.

A lo lejos, vio una gran casa con el tejado de chocolate, las paredes de turrón y las puertas y ventanas de caramelo. Silenciosamente se acercó y miró por una de las ventanas, allí había una inmensa habitación llena de juguetes, que unos pequeños y simpáticos hombrecitos estaban fabricando. Era el taller de juguetes de Papá Noel y aquellos hombrecitos, eran los elfos encargados de fabricar los juguetes, pelotas… muñecas… peluches…

De repente, Sonia escuchó una voz que decía:

-Ho, ho, ho… ¡Feliz Navidad…!-

Se quedó boquiabierta, estaba viendo al mismísimo Papá Noel. Ayudado por unos elfos, estaba llenando su trineo de montones y montones de regalos, mientras, otros elfos daban de comer a los renos mágicos que estaban enganchados al trineo. Cada uno de aquellos renos llevaba un bonito collar de color rojo y verde con luces y graciosos cascabeles. Una vez los renos acabaron de comer, ese hombre gordinflón y bonachón vestido de rojo y con una larga barba blanca, pasó a saludarlos uno por uno y a desearles una Feliz Navidad.

Los ocho renos, Acróbata, Bailarín, Brio, Cometa, Cupido, Relámpago, Trueno y Rodolfo, estaban preparados para comenzar a volar tirando del trineo. Rodolfo, era el jefe de todos los renos, tenía la nariz roja y muy brillante y con ella iluminaba el cielo, cuando Papá Noel volaba en su trineo la noche de Nochebuena, para repartir los regalos.

Cuando ya todo estaba listo para salir, Papá Noel, vio a la pequeña niña y se bajó del trineo. Muy despacio y sonriente, se acercó a ella y le dijo:

-¿Qué haces aquí pequeña? Es Nochebuena y deberías de estar durmiendo en tu cama, esperando mi visita.-

La niña algo nerviosa, le respondió:

-No sé cómo he llegado, de repente me quedé dormida y aparecí aquí. Me gusta mucho este lugar-

Papá Noel, invitó a la niña a pasar a su casa y le presentó a algunos elfos.

-Te presento a Boladenieve, él es el encargado de recoger las cartas de todos los niños y niñas del mundo. Esta es Sugar, la ayudante y la mejor amiga de Mamá Noel y éste es Alehoop, el creador del trineo y quien se ocupa de que siempre esté limpio y reluciente…-

Sonia, no se creía lo que estaba viendo y escuchando. De repente, se abrió una puerta y apareció una mujer regordeta que llevaba un bonito vestido rojo y un delantal azul celeste, su pelo era blanco y lo llevaba recogido en un pequeño moño, era Mamá Noel. Saludó a la pequeña y viendo que tenía frío le ofreció una taza de chocolate caliente, pero…

- Esta taza está vacía…- dijo la pequeña.

- Nooo, sopla una vez y verás lo que sucede- le dijo Mamá Noel.

La pequeña hizo lo que Mamá Noel le mandaba y de repente, esa taza se llenó de un rico chocolate muy caliente. La niña bebió y dijo:

- Mmmm… ¡qué rico…!-

Cuando terminó aquel sabroso chocolate, Mamá Noel le dijo nuevamente:

-Ahora sopla dos veces y verás lo que ocurre-

La niña, nuevamente hizo lo que le decía la buena mujer, sopló dos veces (bfff… bfff…) y… ¡qué sorpresa se llevó!, de aquella taza comenzaron a salir bombones de colores, que la pequeña comenzó a repartir a los elfos.

Todos estaban muy contentos, pero Papá Noel se acercó y le dijo:

- He de marcharme, los niños han de recibir sus regalos y he de comenzar el viaje, el trineo ya está preparado y los renos me esperan…-

Se despidió de la pequeña niña, salió de la casa y subió al trineo.

- ¡Rodolfo, haz tu nariz brillar porque por el cielo vamos a volar!-

Rodolfo iluminó su nariz y él y los otros siete renos mágicos comenzaron a volar. El trineo lleno de regalos se elevó al cielo y desde lo alto, Papá Noel gritaba muy contento:

-Ho, ho, ho…¡Feliz Navidad!-

De repente, Sonia se despertó muy contenta… era Navidad y había tenido un sueño maravilloso. Salió de la cama dando un salto, se puso sus zapatillas y corriendo fue a la habitación de sus papás.

-¡Despertad, es Navidad… ! Vamos a ver si Papá Noel ha dejado algún regalo-

Sus papás se despertaron, le dieron un beso de buenos días y rápidamente fueron al salón y… allí, bajo un bonito árbol de Navidad adornado con luces de colores muy brillantes y una gran estrella, estaban los regalos que el bueno de Papá Noel había dejado la noche anterior. La niña muy contenta abrió todos lo regalos y junto a su familia, celebró el día de Navidad.

Y este cuento que te he contado, ya se ha acabado y por la chimenea, nos vamos al tejado.
  Feliz Navidad...

Por María Celeste Orjales Prado. (Diciembre  2013)



 

Cuentacuentos en AAVV Magalofes. Gracias a Ana Feal (Duende), Rebeca García y María Couce (organizadoras), Javi (sonido), Alex (local) y por supuesto a los peques y a sus papis.


sábado, diciembre 7

CAPERUCITA ROJA. (Adaptado por María Celeste Orjales Prado)

   Érase un vez una niña que vivía en una linda casita del bosque. Todos cuanto la conocían la querían mucho por su gran simpatía.
En una ocasión, como regalo de cumpleaños, su abuelita le hizo una caperuza de terciopelo de color rojo. A la pequeña le gustó tanto, que nunca se la quitaba y desde entonces, todos la conocían con el nombre de Caperucita Roja.

  Una mañana de frío otoño, cuando los árboles del bosque perdían ya sus hojas, la niña estaba jugando en el campo con las hojas recién caídas y su mamá la llamó por la ventana, diciendole:
- Caperucitaaaa... Acercate un momento por favor.-
La niña obedeció y se acercó.
- La abuelita está un poco enferma, tiene tos y fiebre y ha de quedarse en la cama. Por favor, llévale esta cesta con unas galletas, un poco de queso, miel y leche. Y por favor, ten mucho cuidado en el bosque, no te entretengas y recuerda que no debes hablar con desconocidos.
- De acuerdo mamá- dijo Caperucita.

La pequeña se puso su caperuza, cogió la cesta, se despidió de su mamá dándole un beso y emprendió el camino hacia el bosque para ir a casa de su querida abuela.
Caminando... caminando... se adentró en el bosque. Muy contenta saludaba a todos los animalitos con los que se encontraba.
Descansando, apoyado sobre el tronco de un árbol, estaba un simpático asno que a menudo paseaba por allí.
*canción
-¿A dónde vas mi linda caperucita?
 -Yo voy al bosque a ver a mi abuelita
 -Y si te encuentras al lobo por ahííííí....
 -Le tiro de las orejas y le aprieto la nariz...*

La pequeña siguió caminando y de repente de detrás de unos pequeños arbustos salió el lobo y con una mirada llena de malicia le dijo a la niña:
-Buenos días Caperucita, ¿a dónde vas tú tan contenta y que llevas en esa cestita?-
La niña se asustó, pués no contaba con él y le respondió:
-Voy a casa de mi abuelita que está en la cama enfermita y le llevo en la cesta un poco de comida-
-Ahhh... muy bien... y dime, ¿dónde vive tu abuelita?-
-Justo al final del bosque en una linda casita rodeada de sauces-



 
 Mientras el lobo escuchaba las explicaciones de la niña, se relamía y pensaba en lo apetitosa que tenía que estar y también en que la abuelita sería otro buen bocado aunque no fuese tan tierno. Así que trazó un buen plan para poder llenar su estómago con esos dos buenos bocados.
-Te acompañaré hasta allá, porque una niña tan pequeña, no debe ir sola por el bosque...-
Después de caminar un rato, llegaron a una lugar del bosque que parecía encantado, porque allí, ya fuera primavera, verano, otoño o invierno, siempre había flores muy bonitas y de lindos colores. La linda Caperucita, pensó que un ramillete de esas flores, le gustarían mucho a su abuela y le harían mucha ilusión, así que le dijo al lobo:
-Voy a coger unas flores para mi abuela.
El lobo, le dijo:
-Vale, es una buena idea. Te esperaré un poco más adelante, voy a hacer pipí tras ese árbol, allí te espero-
Pero el lobo, le contó una mentira, realmente, mientras la niña se paró a coger flores, el lobo corrió velozmente cual rayo entre los árboles para llegar él antes que la pequeña Caperucita a la casa de la abuela. Al llegar, el malvado lobo, llamó a la puerta -to toc toc-
- ¿Quién llama?- preguntó la pobre anciana.
El lobo, fingiendo la voz de Caperucita, respondió:
-Soy yo abuelita, Caperucita-
-Ohhhh... pequeña, pasa que la puerta está abierta-  dijo dulcemente la abuela.
 El lobo entró y al llegar a la habitación, se encontró a la abuelita acostada en la cama.


Se abalanzó sobre ella e intentó comérsela, pero la abuela consiguió escapar y se pudo esconder en un viejo baúl, el lobo la buscó por toda la casa y no la encontró, entonces, sabiendo que la niña llegaría pronto, se puso un gorro de la abuela y se metió en la cama.
Caperucita se había entretenido demasiado en el bosque recogiendo flores y dijo:
- Ay... la abuelita debe tener hambre será mejor que me apresure a llegar a la casa-
Apresuró el paso y al llegar, llamó a la puerta -toc toc toc-
- ¿Caperucita, eres tú?- preguntó el lobo fingiendo la voz de la anciana.
-Sí abuelita...
-Pasa, pasa... la puerta está abierta- respondió el malicioso lobo.
Al entrar, la pequeña Caperucita se acercó a la cama y dijo asombrada:
-Abuelita... qué ojos más grandes tienes...-
-Son para verte mejor...-
-Abuelita... qué manos más grandes tienes...-
-Son para acariciarte mejor...-
-Abuelita... qué orejas más grandes tienes...-
-Son para escucharte mejor...-
Abuelita... qué boca más grandes tienes...-
-Son para ¡comerte mejor!-


Y abalanzándose sobre la niña, intentó comérsela, pero la niña consiguió escapar de las fauces de aquel malvado animal y se escondió en un armario. Mientras tanto, la pobre abuelita estaba encerrada en el baúl escuchando todo muy asustada.
   El lobo estaba hambriento y quería comerse a la niña y a la abuela, pero como no las encontraba fue a la cocina en busca de comida, se comió todo lo que encontró más lo que la pobre Caperucita llevaba en la cestita. Después de aquella comilona, el lobo empezó a sentir mucho sueño, se metió en la cama y se quedó dormido enseguida. Tan bien le estaba sentando aquella siesta, que comenzó a roncar de una manera estruendosa, tanto que los ronquidos alertaron a un cazador que vivía allí cerca.
-Que ronquidos tan ruidosos... Voy a ver a la viejita, tal vez no se encuentre muy bien y necesite ayuda-
Al entrar en la casa, vio al lobo acostado en la cama durmiendo plácidamente y escuchó unos sollozos, eran la pobre Caperucita y la abuela que seguían escondidas muy asustadas.
El cazador las buscó hasta encontrarlas y les dijo:
-Le daremos un buen susto a este malicioso lobo para que se vaya de aquí y nunca regrese-.
El cazador cargó su escopeta y disparó dos veces ¡pum pum! y el lobo al escucharlo se despertó y asustado salió corriendo de allí.
-Vete y no vuelvas- gritaron Caperucita, la abuelita y el cazador.
La niña se sentía un poco culpable por todo aquello, si ella no hubiese hablado con el lobo, nada de eso hubiese ocurrido, así que prometió que nunca volvería a desobedecer a su mamá ni a hablar con desconocidos ni a entretenerse en el bosque.
Y colorin, colorado, este cuento se ha acabado, si quieres que te lo cuente otra vez, cierra tus ojos y cuenta hasta tres...1... 2... 3...




 

 

sábado, junio 22

¿QUÉ ES EL AMOR?. (Anónimo, Maestra Infantil)

 
 En una de las aulas de un colegio, había varios niños y uno de ellos preguntó:
- Profe... ¿qué es el amor?-

 La profesora sintió que aquella criatura merecía una buena respuesta, una que estuviese a la altura de la pregunta tan inteligente que acababa de formular. Como ya estaban en la hora del recreo, pidió a sus alumnos que dieran una vuelta por el patio del colegio y  que llevaran al aula cosas que invitaran a amar o que despertasen en ellos ese sentimiento.

 Los niños salieron apresurados y cuando volvieron, la profesora les dijo:
- Quiero que cada uno de vosotros muestre lo que ha encontrado-

 Uno de los niños se puso en pie y dijo:
- Yo traje este pajarito,  parece que acaba de nacer, lo encontré en un nido ¿no es gracioso?.

 Y así, los niños, uno a uno, fueron mostrando a los demás lo que habían recogido en el patio. Una niña mostró una flor, otra niño una linda mariposa vestida de mil colores... Cuando terminaron, la profesora advirtió que una niña no había recogido nada y que había permanecido en silencio mientras los demas pequeños hablaban.  La niña, se sentía avergonzada por no haber encontrado nada que poder mostrar.
 La profesora se acercó a su pupitre y le dijo:
- Y bien... ¿tú no has encontrado nada que puedas amar?-
 La pbre criaturita, le respondió tímidamente:
- Lo siento profe pero...  Vi una flor y sentí su perfume, pensé en arrancarla pero preferí dejarla para que su perfume durase más tiempo. Vi también mariposas llenas de colores que no paraban de revolotear, pero parecían tan felices que no intenté coger ninguna. Vi también al pichoncito en su nido, pero cuando me subí al árbol para cogerlo, sentí la mirada de su mamá y decidí dejarlo allí, junto a ella. Así, que lo único que pude traer conmigo es el perfume de la flor, la libertad de las mariposas y la gratitud que observé en los ojitos de la mamá del pajarito. ¿Cómo puedo yo enseñaros lo que he traído?

 La profesora, emocionada, le dio las gracias a la pequeña y le puso la nota más alta de la clase, porque había sido la única en advertir que lo que amamos no es un trofeo y que el amor lo llevamos en el corazón.

"EL AMOR ES ALGO QUE SE SIENTE. HAY QUE TENER UN MÍNIMO DE SENSIBILIDAD PARA VIVIRLO".  (Revista Maestra Infantil)




jueves, junio 13

EL CABALLO BALANCIN. Adaptado por María Celeste Orjales Prado.

 
 Había una vez un caballo llamado Tano, toda su vida había trabajado al servicio de un aldeano. Tiraba del arado... trabajaba en la noria día y noche ya hiciese sol o lloviese a cántaros... arrastraba un carro cargado de hierba, maíz... Era un caballo muy bueno y trabajador, pero los años pasaron y fue envejeciendo, le fallaban las fuerzas y ya no se sentía con ganas para trabajar. Su amo comenzó a maltratarlo, no lo dejaba descansar y lo obligaba a trabajar de sol a sol.
 Una mañana, cuando araba la tierra, Tano se sintió muy débil, cayó desfallecido; el aldeano, su amo, comenzó a gritarle ordenándole que se levantase y siguiese con su trabajo, mas el pobre caballo era incapaz de hacerlo. El hombre muy enfadado, lo dejó allí y se marchó a hacer otras tareas del campo.
 Tano, estuvo todo el día sin comer ni beber y sin recibir un mínimo cuidado. Al acercarse la noche, nuestro amigo consiguió ponerse en pie, su amo lo vio y se acercó a él, en un tono de desprecio le dijo:
- Eres viejo, ya no sirves para nada, no eres capaz de desempeñar tu trabajo, así que ya no te necesito. ¡Vete de aquí y no vuelvas nunca más!
 Tano, obedeció y se marchó de allí, cansado, cabizbajo y entristecido. Caminó durante toda la noche hasta que sintiéndose demasiado fatigado, decidió descansar. Se acostó en un prado y se quedó dormido.
 A la mañana siguiente, despertó y se vio tan sólo que rompió a llorar.
 Pasaba por allí un perro callejero, que al oír el llanto desconsolado del pobre caballo, se acercó a él y le preguntó:
- ¿Qué te ocurre amigo, por qué lloras?
- Lloro porque estoy solo, mi amo me ha hechado, ya no me quiere ni me necesita, porque soy viejo y ya no sirvo para trabajar, mis patas están enfermas y ya no tienen fuerzas - respondió entre sollozos el pobre Tano.
 El buen perro lo animó diciéndole:
- No creo que sea así, probablemente ya seas un poco viejo y ya no puedas trabajar como antes, pero seguramente habrá muchas cosas que podrás hacer todavía.
 El caballo estaba muy triste y cansado y no se creía capaz de hacer nada. El perro, que se llamaba Cheto, le dijo que esperase allí, que iría a buscar algo de comida para que cogiese fuerzas. Cuando regresó, Tano comió y sintiéndose mejor, se levantó y se acercó a un pequeño arroyo a beber agua y refrescarse. Luego, Cheto le propuso hacer alguna prueba para comprobar que realmente podía todavía trabajar.
- A ver amigo... intenta galopar...- lo animó.
Tano, lo intentó, pero sus viejas patas no lo soportaron y se cayó.
-Bueno, no desesperemos, seguro que trotrar sí que puedes, venga amigo, ¡inténtalo!- lo volvió a animar.
 Tano de nuevo lo intentó, pero de nuevo falló.
- No puedo buen amigo, soy un inútil, no sirvo para nada- dijo muy apenado el viejo caballo.
 Viendo que no era posible ya que sus patas estaban ya muy viejas, cansadas y algo enfermas, Cheto comenzó a pensar en qué podría hacer su nuevo amigo para no sentirse inútil, algo habría que podría hacer. De repente escucharon música y mucho jaleo, voces de niños y mayores se escuchaban a lo lejos. Un poco después comenzaron a escucharse los voladores (fsss... pum...pum...pum..), entonces se dieron cuenta que eran las fiestas del pueblo. Cheto animó a Tano a ir caminando hasta allí para distraerse un poco. Por el camino, vieron a varios niños que entre risas y juegos iban camino de la fiesta, entoces el perro Cheto tuvo una gran idea.
-Tano, ¿te gustaría ser útil, verdad?- le preguntó.
- Por supuesto, no quiero sentir que por ser un viejo caballo ya no sirvo para nada- respondió nuestro amigo.
 Entonces Cheto, le dijo al viejo caballo, que lo esperase allí. Cheto se acercó a una granja y allí pidió por favor si podían ayudarlo, necesitaba un tablón de madera que estuviese un poco curvo, en aquel sitio no pudieron servirle, pero el buen perro no desfalleció y siguió intentándolo, visitó tres o cuatro granjas más pidiendo ese favor, hasta que por fin, un buen hombre pudo ayudar a nuestro amigo. Ambos se dirigieron al granero, allí el hombre guardaba unas cuantas maderas y alguna de ellas podía servir para lo que nuestro buen amigo el perro Cheto quería. Con gran esfuerzo arrastró el tablón y lo llevó hasta donde estaba Tano. Una vez allí le dijo que se pusiese en pie y se subiese al tablón, Tano obedeció y subió a la madera que estaba algo curva, entonces le dijo:
- Bien, Tano, ahora balanceate... si logras hacerlo, serás un caballo balancín.
Tano hizo lo que su amigo sugería y comprobó que así era, se balanceaba atrás y adelante sin apenas esfuerzo, sus patas no se resentían ni se cansaban. Entonces viendo que la idea de Cheto había sido un éxito, decidieron ir hasta la feria y allí Tano se convirtió en la mayor atracción para los niños y niñas que acudían a la fiesta y que subidos sobre su lomo se balanceaban y disfrutaban.

Canción: Yo tengo un caballito que ha venido de París... yo tengo un caballito que ha venido de París... Mi caballito anda al paso, al paso, al paso...Mi caballito anda al trote, al trote, al trote... mi caballito anda al galope, al galope, al galope...


 Tano se sintió feliz, de nuevo se sentía útil, era capaz de arrancarles a los niños muchas sonrisas. Le dio las gracias a su amigo y decidieron que ambos irían juntos a todas las fiestas y ferias para llevar alegría a todos los niños que se acercaran a ellos.
 

MORALEJA: Todo@s en algún momento envejeceremos y al hacerlo, con toda seguridad perderemos muchas de nuestras cualidades y habilidades, pero probablemente en esa vejez encontraremos algunas nuevas, así que si esto ocurre, debemos intentar aprovechar al máximo cada una de ellas, para ser nosotr@s un poco más felices y para hacer felices a los demás.
 


jueves, abril 18

DINA, LA GOLONDRINA

  
  Había llegado la primavera y los campos se vestían de alegres colores pues eran cubiertos de lindas flores que perfumaban el aire con ricos y frescos olores, mientras las aves amenizaban con sus alegres trinos, los grillos cantaban sin cesar y las mariposas no paraban de revolotear .

Canción: Pra- pre-pri, la primavera... la primavera... Pra-pre-pri... la primavera ya está aquí.
                Pra-pre-pri... cantan los grillos, salen las flores... Pra-pre-pri, hay mariposas en mi jardín.

  Una linda golondrina, a la que pusieron de nombre Dina, acababa de nacer. Era muy pequeñita, tímida, vergonzosa y algo miedosa. Recién comenzaba a ver la vida y ya tenía ganas de descubrir todo aquello que le aguardaba fuera de su nido. Para poder descubrir todas esas cosas nuevas, primero tenía que aprender a volar, pero había un pequeño problema, Dina tenía miedo a volar, le daban mucho miedo las alturas y no se atrevía a salir de su nido. Allí, junto a Mamá Golondrina se sentía segura, junto a ella sabía que nada malo le pasaría, pero su mamá, cada día le decía que tenía que volar, mas ella no le hacía caso.

 El nido de Dina y su mamá estaba en un lindo balcón adornado por muchas flores y plantas, Dina se conformaba con poder observar aquellas lindas flores, no necesitaba nada más. Pero un día, vio como las otras golondrinas que por allí vivían, se iban volando y se lo pasaban muy bien, entonces sintió envidia de ellas y pensó que ella nunca podría hacerlo, nunca podría volar...

  Una mañana, pasó por allí un lindo gorrión, Tito, así se llamaba, y al ver a la miedosa golondrina tan sola, le preguntó por qué no salía, ella le dijo que le daban miedo las alturas y que no sabía volar. Tito, la animó a que intentase desplegar y mover sus pequeñas alas, pero a ella le faltó valor y no lo hizo. Tito se fue y ella se quedó llorando en su nido.
  Durante varios días, Tito el gorrión, fue a visitarla y a animarla para que aprendiese a volar, poco a poco se fueron haciendo muy amigos.
  
  Una tarde, Tito fue a ver a la pequeña Dina y decidió hacer algo para ayudar a su amiga. Se acercó a su nido y con una de sus alas, le dio un empujónLa pequeña Dina se cayó del nido y comenzó a aletear, movía sus pequeñas y delicadas alas de arriba a abajo y de repente se dio cuenta de una cosa, ¡estaba volando!, sí, podía volar como si de un avión se tratase, podía estar cerca de las nubes y volar a lado de su mamá y las demás golondrinas y también cerca de su buen amigo Tito.  La pequeña Dina estaba muy contenta, en ese instante se dio cuenta que las alturas no tenían por qué asustarla. La naturaleza la había dotado de dos bonitas alas que tenía que aprovechar.
  La golondrina le dio las gracias a su amigo el pequeño gorrión, por haberla forzado a aprender a volar y así poder disfrutar de lo que sus alas le permitían. 
  
  Desde ese mismo momento, Dina y Tito, iban a dar largos paseos volando muy cerca de las nubes y nunca más sintió miedo por nada.

Por María Celeste Orjales Prado. (18/Abril/2013)

 



 Valoración: Cuento de mi propia invención. ¿Quién no ha tenido en algún momento de su vida un pequeño Tito?. Yo sí lo he tenido y desde aquí le doy las gracias.

 Moraleja: A veces los miedos sólo están en nuestra imaginación.
 Lucha por superar miedos y salvar obstáculos, si vives aferrad@ a tus miedos, no serás capaz   de hacer muchas cosas que necesitas y te gustaría hacer. ¡Vive y disfruta tu vida!

lunes, abril 8

LOS TRES CERDITOS (Adaptado por María Celeste Orjales Prado)

En un pueblecito llamado Olvido, donde nadie se acuerda de nada, cuentan y no se cansan de contar porque es lo único que recuerdan, que allí vivían tres lindos cerditos... 1, 2 y 3.
El cerdito 1, se llamaba Pepe... el cerdito 2, se llamaba Juan... y el cerdito 3, se llamaba Andrés.
Los tres eran muy distintos a pesar de que eran hermanos, Pepe era muy holgazán y dormilón, Juan era muy juguetón y sólo pensaba en corretear por el campo y jugar a la pelota y Andrés, era muy responsable y trabajador.


Nuestros tres amiguitos vivían tranquilos pero había una cosa que les preocupaba, un lobo que merodeaba por el valle. 
El invierno no tardaría en llegar y con él, llegarían el frío y las heladas, así que los cerditos decidieron que era hora de construír sus casas para resguardarse del frío y protegerse del lobo que no tardaría en pasar por allí en busca de alimento. El sábado por la mañana, cuando ya había salido el sol, Juan y Andrés cogieron sus carretillas y se fueron al mercado del pueblo a comprar los materiales que necesitaban para construír las casitas, bueno... el cerdito 1, Pepe, no quiso llevar su carretilla, porque era muy vago.

Cuando llegaron al mercado, vieron muchos puestos , en uno vendían frutas... en otro verduras... en otro hortalizas... y de repente oyeron a la señora Maruja Burbuja, que gritaba:

-Vendo paaajaaa... paja amarilla, ¿quién me la quiere comprar?.

El cerdito 1, Pepe, pensó que haciendo su casa de paja, no tardaría mucho en treminarla y así, podría ir a dormir y descansar. Apresurado se acercó y le dijo:E
-Yo, yo te compro mucha paja amarilla para construir mi casita. Pero... no he traído carretilla, así que la llevaré metida en un saco-.


La señora Maruja Buruja, metió la paja en un saco y el cerdito le pagó con unas cuatro o cinco monedas. Cuando Pepe cogió el saco, se dio cuenta de que pesaba mucho y como era muy holgazán, no quiso llevarla. Entonces... apareció por allí Alfredo el Granjero montado en su carro.
(Canción: LLega Alfredo el  Granjero en su carro con su burro Curro...)


Nuestro amigo el cerdito, le dijo:
-Buenos días Sr. Granjero, ¿me puede llevar a mí y a mi saco de paja hasta el Valle del Olvido por favor?-.
El buen hombre le respondió:
-Por supuesto, voy de camino, carga la paja en el carro y sube-.
Pepe le dio las gracias, cargó la paja, subió y allá se fueron los tres; Pepe, Alfredo y Curro el burro.

Juan y Andrés, seguían en el mercado buscando lo que necesitaban y escucharon de nuevo a la señora Maruja Burbuja que decía:
-Vendo madeeera, madera marrón, ¿quién me la quiere comprar?.
Juan observó la madera y pensó que le serviría para hacer una linda casa y no le llevaría demasiado tiempo, terminaría pronto y tendría tiempo para ir a jugar. Así que le dijo a la mujer:
-Yo te compro una carretilla llena de madera-. 
Llenó la carretila, le entregó unas cuantas monedas y muy contento se marchó.


Ya sólo quedaba Andrés, que estaba comprando unos ladrillos y unos sacos de cemento. Quería construír una casa fuerte para poder tener un buen refugio del lobo y del fuerte viento del invierno.


Nuestros tres amigos ya tenían todo lo que necesitaban y se pusieron manos a la obra.

Pepe, construyó su casa de paja rápidamente, tenía ganas de tumbarse en el campo a dormir bajo el sol. Cuando la terminó fue en busca de su hermano Juan y le dijo muy contento:
-Juan, he terminado mi casa, ven a verla, me ha quedado muy bonita.
-No puedo Pepe, he de terminar la mía porque quiero ir a jugar al bosque, cuando termine la mía iré a verla, pero ahora no puedo porque tengo que serrar aquí, clavar una punta allá y en un pis pás estará.
Mientras trabajaba clavando puntas y clavos, cantaba:
(Canción: Con el serrucho, serrucho, serrucho... con el serrucho sierro yo. Con el martillo, martillo, martillo... con el martillo clavo yo).

Por fin nuestro amigo el cerdito 2, Juan, terminó la casa y fue a ver la de su hermano Pepe. Le dijo que las dos habían quedado muy bonitas y los dos juntos fueron a buscar al cerdito 3.
-Andrés... Andrés... hemos acabado- Dijeron los dos hermanos.
- ¿Ya habeis terminado?, ¿así pensais protejeros del lobo?, ¡sois unos holgazanes!, una casa no se construye deprisa y corriendo, hay que dedicarle tiempo, trabajo y esfuerzo. Yo todavía tengo mucho trabajo, tengo que poner unos cuantos ladrillos por aquí... cementar por aquí y por allá... pero si trabajo duro, pronto estará terminada e iré con vosotros.

Finalmente terminó su casa y los tres hermanos se fueron muy contentos al bosque, mientras cantaban una simpática canción:
(Canción: Si toco la trompeta, tarataratareta... Si toco el clarinete, teretereterete... Si toco el violín, tiritiritiri... Si toco el tambor, poroporopompon...)

Mientras tanto, el Lobo Feroz estaba escondido vigilando a los cerditos y se avalanzó sobre ellos diciendo:
-Cerditos... cerditos... os voy a comer...-
Los cerditos escaparon y corriendo se fueron a sus casitas a refugiarse del temido lobo.

El lobo corrió tras ellos y llegó a la casita de paja...
(Canción*: Pum pum, ¿quién es?, abreme cerdito. Oh no, yo no, no te voy a abrir. Pues soplaré y soplaré... y tu casa derribaré. No podrás entrar, no me comerás porque en mi casita yo estoy en paz.Y el lobo sopló... sopló... y sopló y la casita, derribó). (se repite en las otras dos casas)
El lobo derribó la casa y el pobre Pepe corrió a casa de Juan y mientras llamaba a la puerta, decía:
-Juan... ¡abreme la puerta, el lobo ha derribado mi casa y me quiere comer!-
-Pasa, pasa hermanito, aquí estaremos seguros- dijo el cerdito 2.
Los dos se quedaron en la casa de madera muy calladitos y quietecitos, pero el lobo llegó y olisqueó por debajo de la puerta.
 (Canción*)
El lobo feroz consiguió derribar la casa y los pobres y asustados cerditos se fueron corriendo a casa de su hermano Andrés. Al llegar, llamaron a la puerta...
-Hermanito, hermanito, abrenos la puerta, dejanos pasar, el lobo ha derribado nuestras casas ...-
Nuestro amigo Andrés, abrió la puerta y los cerditos entraron, muy asustados le contaron lo que había sucedido y se escondieron trás un sillón, pero Andres los tranquilizó diciéndoles:
-No os preocupeis hermanitos, aquí estamos seguros, mi casa es de ladrillos y cemento, es fuerte y resistirá a los soplidos del lobo, he tardado más tiempo que vosotros en construírla pero, ha valido la pena.-

Pero, el lobo también llegó allí y de nuevo olisqueó por debajo de la puerta -Mmmmm... aquí huele a cerdito, me lo comeré-. El lobo golpeó ferozmente en la puerta...
(Canción*)

 Y el lobo sopló, sopló y sopló... pero la casita no derribó. (también se canta cambiando la última parte de la canción)
Muy enfadado, se puso a pensar como podía hacer para entrar en la casa, estaba hambriento y se había dado cuenta que en la casa estaban los tres cerditos, quería comerselos, fuese como fuese. Se le ocurrió coger la escalera que había apoyada en la pared y después bajaría por la chimenea, una vez dentro de la casa se los podría comer.
Pero, el cerdito 3, Andrés, lo vio por la ventana y les dijo a sus hermanos:
-¡Rápido... coged la olla más grande y llenadla de agua, la pondremos en el fuego de la chimenea y cuando el lobo baje por ella, el agua ya estará caliente, el lobo se caerá en ella y... así le habremos dado su merecido y un buen escarmiento-.
Los pequeños hicieron lo que su hermano les dijo. Cogieron una olla, la llenaron de agua, la pusieron en la chimenea y....
El lobo subió por la escalera... bajó por la chimenea... y cual fue su sorpresa, cuando se cayó en la olla de agua hirviendo y gritó:
-¡Socorro...socorro... que me quemo...!- Y salió corriendo de la casa gritando: -¡Ay, ay, ay... mi culete, mi culete!
Mientras tanto, nuestros amigos los tres cerditos, cantaban muy contentos:
(Canción: Quién le tiene miedo al lobo, miedo al lobo, miedo al lobo... quién le tiene miedo al lobo... nosotros no, nosotros no).
Mientras los cerditos cantaban, el lobo seguía corriendo y gritando hasta que llegó al río y se tiró al agua, el lobo aprendió la lección y nunca más molestó a los cerditos que vivieron felices para siempre en la casita de ladrillos.  

Valoración: Un clásico adaptado con el que se enseña el valor del trabajo bien hecho.
Moraleja:  Antes que la diversión está la obligación.

 Personajes:

 Cerdito 1- Pepé
 Cerdito 2- Juan
 Cerdito 3. Andrés

 Sra. Maruja Burbuja
 Alfredo el Granjero
 El burro Curro

 Lobo Feroz