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jueves, junio 13

EL CABALLO BALANCIN. Adaptado por María Celeste Orjales Prado.

 
 Había una vez un caballo llamado Tano, toda su vida había trabajado al servicio de un aldeano. Tiraba del arado... trabajaba en la noria día y noche ya hiciese sol o lloviese a cántaros... arrastraba un carro cargado de hierba, maíz... Era un caballo muy bueno y trabajador, pero los años pasaron y fue envejeciendo, le fallaban las fuerzas y ya no se sentía con ganas para trabajar. Su amo comenzó a maltratarlo, no lo dejaba descansar y lo obligaba a trabajar de sol a sol.
 Una mañana, cuando araba la tierra, Tano se sintió muy débil, cayó desfallecido; el aldeano, su amo, comenzó a gritarle ordenándole que se levantase y siguiese con su trabajo, mas el pobre caballo era incapaz de hacerlo. El hombre muy enfadado, lo dejó allí y se marchó a hacer otras tareas del campo.
 Tano, estuvo todo el día sin comer ni beber y sin recibir un mínimo cuidado. Al acercarse la noche, nuestro amigo consiguió ponerse en pie, su amo lo vio y se acercó a él, en un tono de desprecio le dijo:
- Eres viejo, ya no sirves para nada, no eres capaz de desempeñar tu trabajo, así que ya no te necesito. ¡Vete de aquí y no vuelvas nunca más!
 Tano, obedeció y se marchó de allí, cansado, cabizbajo y entristecido. Caminó durante toda la noche hasta que sintiéndose demasiado fatigado, decidió descansar. Se acostó en un prado y se quedó dormido.
 A la mañana siguiente, despertó y se vio tan sólo que rompió a llorar.
 Pasaba por allí un perro callejero, que al oír el llanto desconsolado del pobre caballo, se acercó a él y le preguntó:
- ¿Qué te ocurre amigo, por qué lloras?
- Lloro porque estoy solo, mi amo me ha hechado, ya no me quiere ni me necesita, porque soy viejo y ya no sirvo para trabajar, mis patas están enfermas y ya no tienen fuerzas - respondió entre sollozos el pobre Tano.
 El buen perro lo animó diciéndole:
- No creo que sea así, probablemente ya seas un poco viejo y ya no puedas trabajar como antes, pero seguramente habrá muchas cosas que podrás hacer todavía.
 El caballo estaba muy triste y cansado y no se creía capaz de hacer nada. El perro, que se llamaba Cheto, le dijo que esperase allí, que iría a buscar algo de comida para que cogiese fuerzas. Cuando regresó, Tano comió y sintiéndose mejor, se levantó y se acercó a un pequeño arroyo a beber agua y refrescarse. Luego, Cheto le propuso hacer alguna prueba para comprobar que realmente podía todavía trabajar.
- A ver amigo... intenta galopar...- lo animó.
Tano, lo intentó, pero sus viejas patas no lo soportaron y se cayó.
-Bueno, no desesperemos, seguro que trotrar sí que puedes, venga amigo, ¡inténtalo!- lo volvió a animar.
 Tano de nuevo lo intentó, pero de nuevo falló.
- No puedo buen amigo, soy un inútil, no sirvo para nada- dijo muy apenado el viejo caballo.
 Viendo que no era posible ya que sus patas estaban ya muy viejas, cansadas y algo enfermas, Cheto comenzó a pensar en qué podría hacer su nuevo amigo para no sentirse inútil, algo habría que podría hacer. De repente escucharon música y mucho jaleo, voces de niños y mayores se escuchaban a lo lejos. Un poco después comenzaron a escucharse los voladores (fsss... pum...pum...pum..), entonces se dieron cuenta que eran las fiestas del pueblo. Cheto animó a Tano a ir caminando hasta allí para distraerse un poco. Por el camino, vieron a varios niños que entre risas y juegos iban camino de la fiesta, entoces el perro Cheto tuvo una gran idea.
-Tano, ¿te gustaría ser útil, verdad?- le preguntó.
- Por supuesto, no quiero sentir que por ser un viejo caballo ya no sirvo para nada- respondió nuestro amigo.
 Entonces Cheto, le dijo al viejo caballo, que lo esperase allí. Cheto se acercó a una granja y allí pidió por favor si podían ayudarlo, necesitaba un tablón de madera que estuviese un poco curvo, en aquel sitio no pudieron servirle, pero el buen perro no desfalleció y siguió intentándolo, visitó tres o cuatro granjas más pidiendo ese favor, hasta que por fin, un buen hombre pudo ayudar a nuestro amigo. Ambos se dirigieron al granero, allí el hombre guardaba unas cuantas maderas y alguna de ellas podía servir para lo que nuestro buen amigo el perro Cheto quería. Con gran esfuerzo arrastró el tablón y lo llevó hasta donde estaba Tano. Una vez allí le dijo que se pusiese en pie y se subiese al tablón, Tano obedeció y subió a la madera que estaba algo curva, entonces le dijo:
- Bien, Tano, ahora balanceate... si logras hacerlo, serás un caballo balancín.
Tano hizo lo que su amigo sugería y comprobó que así era, se balanceaba atrás y adelante sin apenas esfuerzo, sus patas no se resentían ni se cansaban. Entonces viendo que la idea de Cheto había sido un éxito, decidieron ir hasta la feria y allí Tano se convirtió en la mayor atracción para los niños y niñas que acudían a la fiesta y que subidos sobre su lomo se balanceaban y disfrutaban.

Canción: Yo tengo un caballito que ha venido de París... yo tengo un caballito que ha venido de París... Mi caballito anda al paso, al paso, al paso...Mi caballito anda al trote, al trote, al trote... mi caballito anda al galope, al galope, al galope...


 Tano se sintió feliz, de nuevo se sentía útil, era capaz de arrancarles a los niños muchas sonrisas. Le dio las gracias a su amigo y decidieron que ambos irían juntos a todas las fiestas y ferias para llevar alegría a todos los niños que se acercaran a ellos.
 

MORALEJA: Todo@s en algún momento envejeceremos y al hacerlo, con toda seguridad perderemos muchas de nuestras cualidades y habilidades, pero probablemente en esa vejez encontraremos algunas nuevas, así que si esto ocurre, debemos intentar aprovechar al máximo cada una de ellas, para ser nosotr@s un poco más felices y para hacer felices a los demás.
 


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