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martes, diciembre 24

CUENTO DE NAVIDAD

  Sucedió en la noche de Nochebuena, la noche antes del día de Navidad…

   En un bonito lugar vivía una pequeña niña llamada Sonia. Era muy alegre, buena y responsable.

Esa noche, después de la cena familiar, la pequeña Sonia se despidió de sus papás y abuelos y se fue a la cama muy emocionada, porque esa noche recibiría una visita muy especial que venía desde muy lejos, Papá Noel. Cansada de dar vueltas y más vueltas en la cama sin poder dormir, dijo:

-Esperaré a Papá Noel despierta y así, podré verlo llegar en su trineo mágico-

Pero la niña estaba demasiado cansada y poco a poco, sus pequeños ojos se fueron cerrando, se quedó dormida y tuvo un bonito sueño. Soñó con un bello y mágico lugar, sus calles estaban completamente blancas cubiertas por la nieve… había enormes árboles adornados con guirnaldas y muchas luces de colores… las casas eran de chocolate y había muchos seres diminutos muy simpáticos. La pequeña Sonia se dio cuenta de que estaba en el Polo Norte, en Laponia y allí, vivía Papá Noel.

A lo lejos, vio una gran casa con el tejado de chocolate, las paredes de turrón y las puertas y ventanas de caramelo. Silenciosamente se acercó y miró por una de las ventanas, allí había una inmensa habitación llena de juguetes, que unos pequeños y simpáticos hombrecitos estaban fabricando. Era el taller de juguetes de Papá Noel y aquellos hombrecitos, eran los elfos encargados de fabricar los juguetes, pelotas… muñecas… peluches…

De repente, Sonia escuchó una voz que decía:

-Ho, ho, ho… ¡Feliz Navidad…!-

Se quedó boquiabierta, estaba viendo al mismísimo Papá Noel. Ayudado por unos elfos, estaba llenando su trineo de montones y montones de regalos, mientras, otros elfos daban de comer a los renos mágicos que estaban enganchados al trineo. Cada uno de aquellos renos llevaba un bonito collar de color rojo y verde con luces y graciosos cascabeles. Una vez los renos acabaron de comer, ese hombre gordinflón y bonachón vestido de rojo y con una larga barba blanca, pasó a saludarlos uno por uno y a desearles una Feliz Navidad.

Los ocho renos, Acróbata, Bailarín, Brio, Cometa, Cupido, Relámpago, Trueno y Rodolfo, estaban preparados para comenzar a volar tirando del trineo. Rodolfo, era el jefe de todos los renos, tenía la nariz roja y muy brillante y con ella iluminaba el cielo, cuando Papá Noel volaba en su trineo la noche de Nochebuena, para repartir los regalos.

Cuando ya todo estaba listo para salir, Papá Noel, vio a la pequeña niña y se bajó del trineo. Muy despacio y sonriente, se acercó a ella y le dijo:

-¿Qué haces aquí pequeña? Es Nochebuena y deberías de estar durmiendo en tu cama, esperando mi visita.-

La niña algo nerviosa, le respondió:

-No sé cómo he llegado, de repente me quedé dormida y aparecí aquí. Me gusta mucho este lugar-

Papá Noel, invitó a la niña a pasar a su casa y le presentó a algunos elfos.

-Te presento a Boladenieve, él es el encargado de recoger las cartas de todos los niños y niñas del mundo. Esta es Sugar, la ayudante y la mejor amiga de Mamá Noel y éste es Alehoop, el creador del trineo y quien se ocupa de que siempre esté limpio y reluciente…-

Sonia, no se creía lo que estaba viendo y escuchando. De repente, se abrió una puerta y apareció una mujer regordeta que llevaba un bonito vestido rojo y un delantal azul celeste, su pelo era blanco y lo llevaba recogido en un pequeño moño, era Mamá Noel. Saludó a la pequeña y viendo que tenía frío le ofreció una taza de chocolate caliente, pero…

- Esta taza está vacía…- dijo la pequeña.

- Nooo, sopla una vez y verás lo que sucede- le dijo Mamá Noel.

La pequeña hizo lo que Mamá Noel le mandaba y de repente, esa taza se llenó de un rico chocolate muy caliente. La niña bebió y dijo:

- Mmmm… ¡qué rico…!-

Cuando terminó aquel sabroso chocolate, Mamá Noel le dijo nuevamente:

-Ahora sopla dos veces y verás lo que ocurre-

La niña, nuevamente hizo lo que le decía la buena mujer, sopló dos veces (bfff… bfff…) y… ¡qué sorpresa se llevó!, de aquella taza comenzaron a salir bombones de colores, que la pequeña comenzó a repartir a los elfos.

Todos estaban muy contentos, pero Papá Noel se acercó y le dijo:

- He de marcharme, los niños han de recibir sus regalos y he de comenzar el viaje, el trineo ya está preparado y los renos me esperan…-

Se despidió de la pequeña niña, salió de la casa y subió al trineo.

- ¡Rodolfo, haz tu nariz brillar porque por el cielo vamos a volar!-

Rodolfo iluminó su nariz y él y los otros siete renos mágicos comenzaron a volar. El trineo lleno de regalos se elevó al cielo y desde lo alto, Papá Noel gritaba muy contento:

-Ho, ho, ho…¡Feliz Navidad!-

De repente, Sonia se despertó muy contenta… era Navidad y había tenido un sueño maravilloso. Salió de la cama dando un salto, se puso sus zapatillas y corriendo fue a la habitación de sus papás.

-¡Despertad, es Navidad… ! Vamos a ver si Papá Noel ha dejado algún regalo-

Sus papás se despertaron, le dieron un beso de buenos días y rápidamente fueron al salón y… allí, bajo un bonito árbol de Navidad adornado con luces de colores muy brillantes y una gran estrella, estaban los regalos que el bueno de Papá Noel había dejado la noche anterior. La niña muy contenta abrió todos lo regalos y junto a su familia, celebró el día de Navidad.

Y este cuento que te he contado, ya se ha acabado y por la chimenea, nos vamos al tejado.
  Feliz Navidad...

Por María Celeste Orjales Prado. (Diciembre  2013)



 

Cuentacuentos en AAVV Magalofes. Gracias a Ana Feal (Duende), Rebeca García y María Couce (organizadoras), Javi (sonido), Alex (local) y por supuesto a los peques y a sus papis.


sábado, diciembre 7

CAPERUCITA ROJA. (Adaptado por María Celeste Orjales Prado)

   Érase un vez una niña que vivía en una linda casita del bosque. Todos cuanto la conocían la querían mucho por su gran simpatía.
En una ocasión, como regalo de cumpleaños, su abuelita le hizo una caperuza de terciopelo de color rojo. A la pequeña le gustó tanto, que nunca se la quitaba y desde entonces, todos la conocían con el nombre de Caperucita Roja.

  Una mañana de frío otoño, cuando los árboles del bosque perdían ya sus hojas, la niña estaba jugando en el campo con las hojas recién caídas y su mamá la llamó por la ventana, diciendole:
- Caperucitaaaa... Acercate un momento por favor.-
La niña obedeció y se acercó.
- La abuelita está un poco enferma, tiene tos y fiebre y ha de quedarse en la cama. Por favor, llévale esta cesta con unas galletas, un poco de queso, miel y leche. Y por favor, ten mucho cuidado en el bosque, no te entretengas y recuerda que no debes hablar con desconocidos.
- De acuerdo mamá- dijo Caperucita.

La pequeña se puso su caperuza, cogió la cesta, se despidió de su mamá dándole un beso y emprendió el camino hacia el bosque para ir a casa de su querida abuela.
Caminando... caminando... se adentró en el bosque. Muy contenta saludaba a todos los animalitos con los que se encontraba.
Descansando, apoyado sobre el tronco de un árbol, estaba un simpático asno que a menudo paseaba por allí.
*canción
-¿A dónde vas mi linda caperucita?
 -Yo voy al bosque a ver a mi abuelita
 -Y si te encuentras al lobo por ahííííí....
 -Le tiro de las orejas y le aprieto la nariz...*

La pequeña siguió caminando y de repente de detrás de unos pequeños arbustos salió el lobo y con una mirada llena de malicia le dijo a la niña:
-Buenos días Caperucita, ¿a dónde vas tú tan contenta y que llevas en esa cestita?-
La niña se asustó, pués no contaba con él y le respondió:
-Voy a casa de mi abuelita que está en la cama enfermita y le llevo en la cesta un poco de comida-
-Ahhh... muy bien... y dime, ¿dónde vive tu abuelita?-
-Justo al final del bosque en una linda casita rodeada de sauces-



 
 Mientras el lobo escuchaba las explicaciones de la niña, se relamía y pensaba en lo apetitosa que tenía que estar y también en que la abuelita sería otro buen bocado aunque no fuese tan tierno. Así que trazó un buen plan para poder llenar su estómago con esos dos buenos bocados.
-Te acompañaré hasta allá, porque una niña tan pequeña, no debe ir sola por el bosque...-
Después de caminar un rato, llegaron a una lugar del bosque que parecía encantado, porque allí, ya fuera primavera, verano, otoño o invierno, siempre había flores muy bonitas y de lindos colores. La linda Caperucita, pensó que un ramillete de esas flores, le gustarían mucho a su abuela y le harían mucha ilusión, así que le dijo al lobo:
-Voy a coger unas flores para mi abuela.
El lobo, le dijo:
-Vale, es una buena idea. Te esperaré un poco más adelante, voy a hacer pipí tras ese árbol, allí te espero-
Pero el lobo, le contó una mentira, realmente, mientras la niña se paró a coger flores, el lobo corrió velozmente cual rayo entre los árboles para llegar él antes que la pequeña Caperucita a la casa de la abuela. Al llegar, el malvado lobo, llamó a la puerta -to toc toc-
- ¿Quién llama?- preguntó la pobre anciana.
El lobo, fingiendo la voz de Caperucita, respondió:
-Soy yo abuelita, Caperucita-
-Ohhhh... pequeña, pasa que la puerta está abierta-  dijo dulcemente la abuela.
 El lobo entró y al llegar a la habitación, se encontró a la abuelita acostada en la cama.


Se abalanzó sobre ella e intentó comérsela, pero la abuela consiguió escapar y se pudo esconder en un viejo baúl, el lobo la buscó por toda la casa y no la encontró, entonces, sabiendo que la niña llegaría pronto, se puso un gorro de la abuela y se metió en la cama.
Caperucita se había entretenido demasiado en el bosque recogiendo flores y dijo:
- Ay... la abuelita debe tener hambre será mejor que me apresure a llegar a la casa-
Apresuró el paso y al llegar, llamó a la puerta -toc toc toc-
- ¿Caperucita, eres tú?- preguntó el lobo fingiendo la voz de la anciana.
-Sí abuelita...
-Pasa, pasa... la puerta está abierta- respondió el malicioso lobo.
Al entrar, la pequeña Caperucita se acercó a la cama y dijo asombrada:
-Abuelita... qué ojos más grandes tienes...-
-Son para verte mejor...-
-Abuelita... qué manos más grandes tienes...-
-Son para acariciarte mejor...-
-Abuelita... qué orejas más grandes tienes...-
-Son para escucharte mejor...-
Abuelita... qué boca más grandes tienes...-
-Son para ¡comerte mejor!-


Y abalanzándose sobre la niña, intentó comérsela, pero la niña consiguió escapar de las fauces de aquel malvado animal y se escondió en un armario. Mientras tanto, la pobre abuelita estaba encerrada en el baúl escuchando todo muy asustada.
   El lobo estaba hambriento y quería comerse a la niña y a la abuela, pero como no las encontraba fue a la cocina en busca de comida, se comió todo lo que encontró más lo que la pobre Caperucita llevaba en la cestita. Después de aquella comilona, el lobo empezó a sentir mucho sueño, se metió en la cama y se quedó dormido enseguida. Tan bien le estaba sentando aquella siesta, que comenzó a roncar de una manera estruendosa, tanto que los ronquidos alertaron a un cazador que vivía allí cerca.
-Que ronquidos tan ruidosos... Voy a ver a la viejita, tal vez no se encuentre muy bien y necesite ayuda-
Al entrar en la casa, vio al lobo acostado en la cama durmiendo plácidamente y escuchó unos sollozos, eran la pobre Caperucita y la abuela que seguían escondidas muy asustadas.
El cazador las buscó hasta encontrarlas y les dijo:
-Le daremos un buen susto a este malicioso lobo para que se vaya de aquí y nunca regrese-.
El cazador cargó su escopeta y disparó dos veces ¡pum pum! y el lobo al escucharlo se despertó y asustado salió corriendo de allí.
-Vete y no vuelvas- gritaron Caperucita, la abuelita y el cazador.
La niña se sentía un poco culpable por todo aquello, si ella no hubiese hablado con el lobo, nada de eso hubiese ocurrido, así que prometió que nunca volvería a desobedecer a su mamá ni a hablar con desconocidos ni a entretenerse en el bosque.
Y colorin, colorado, este cuento se ha acabado, si quieres que te lo cuente otra vez, cierra tus ojos y cuenta hasta tres...1... 2... 3...