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sábado, diciembre 7

CAPERUCITA ROJA. (Adaptado por María Celeste Orjales Prado)

   Érase un vez una niña que vivía en una linda casita del bosque. Todos cuanto la conocían la querían mucho por su gran simpatía.
En una ocasión, como regalo de cumpleaños, su abuelita le hizo una caperuza de terciopelo de color rojo. A la pequeña le gustó tanto, que nunca se la quitaba y desde entonces, todos la conocían con el nombre de Caperucita Roja.

  Una mañana de frío otoño, cuando los árboles del bosque perdían ya sus hojas, la niña estaba jugando en el campo con las hojas recién caídas y su mamá la llamó por la ventana, diciendole:
- Caperucitaaaa... Acercate un momento por favor.-
La niña obedeció y se acercó.
- La abuelita está un poco enferma, tiene tos y fiebre y ha de quedarse en la cama. Por favor, llévale esta cesta con unas galletas, un poco de queso, miel y leche. Y por favor, ten mucho cuidado en el bosque, no te entretengas y recuerda que no debes hablar con desconocidos.
- De acuerdo mamá- dijo Caperucita.

La pequeña se puso su caperuza, cogió la cesta, se despidió de su mamá dándole un beso y emprendió el camino hacia el bosque para ir a casa de su querida abuela.
Caminando... caminando... se adentró en el bosque. Muy contenta saludaba a todos los animalitos con los que se encontraba.
Descansando, apoyado sobre el tronco de un árbol, estaba un simpático asno que a menudo paseaba por allí.
*canción
-¿A dónde vas mi linda caperucita?
 -Yo voy al bosque a ver a mi abuelita
 -Y si te encuentras al lobo por ahííííí....
 -Le tiro de las orejas y le aprieto la nariz...*

La pequeña siguió caminando y de repente de detrás de unos pequeños arbustos salió el lobo y con una mirada llena de malicia le dijo a la niña:
-Buenos días Caperucita, ¿a dónde vas tú tan contenta y que llevas en esa cestita?-
La niña se asustó, pués no contaba con él y le respondió:
-Voy a casa de mi abuelita que está en la cama enfermita y le llevo en la cesta un poco de comida-
-Ahhh... muy bien... y dime, ¿dónde vive tu abuelita?-
-Justo al final del bosque en una linda casita rodeada de sauces-



 
 Mientras el lobo escuchaba las explicaciones de la niña, se relamía y pensaba en lo apetitosa que tenía que estar y también en que la abuelita sería otro buen bocado aunque no fuese tan tierno. Así que trazó un buen plan para poder llenar su estómago con esos dos buenos bocados.
-Te acompañaré hasta allá, porque una niña tan pequeña, no debe ir sola por el bosque...-
Después de caminar un rato, llegaron a una lugar del bosque que parecía encantado, porque allí, ya fuera primavera, verano, otoño o invierno, siempre había flores muy bonitas y de lindos colores. La linda Caperucita, pensó que un ramillete de esas flores, le gustarían mucho a su abuela y le harían mucha ilusión, así que le dijo al lobo:
-Voy a coger unas flores para mi abuela.
El lobo, le dijo:
-Vale, es una buena idea. Te esperaré un poco más adelante, voy a hacer pipí tras ese árbol, allí te espero-
Pero el lobo, le contó una mentira, realmente, mientras la niña se paró a coger flores, el lobo corrió velozmente cual rayo entre los árboles para llegar él antes que la pequeña Caperucita a la casa de la abuela. Al llegar, el malvado lobo, llamó a la puerta -to toc toc-
- ¿Quién llama?- preguntó la pobre anciana.
El lobo, fingiendo la voz de Caperucita, respondió:
-Soy yo abuelita, Caperucita-
-Ohhhh... pequeña, pasa que la puerta está abierta-  dijo dulcemente la abuela.
 El lobo entró y al llegar a la habitación, se encontró a la abuelita acostada en la cama.


Se abalanzó sobre ella e intentó comérsela, pero la abuela consiguió escapar y se pudo esconder en un viejo baúl, el lobo la buscó por toda la casa y no la encontró, entonces, sabiendo que la niña llegaría pronto, se puso un gorro de la abuela y se metió en la cama.
Caperucita se había entretenido demasiado en el bosque recogiendo flores y dijo:
- Ay... la abuelita debe tener hambre será mejor que me apresure a llegar a la casa-
Apresuró el paso y al llegar, llamó a la puerta -toc toc toc-
- ¿Caperucita, eres tú?- preguntó el lobo fingiendo la voz de la anciana.
-Sí abuelita...
-Pasa, pasa... la puerta está abierta- respondió el malicioso lobo.
Al entrar, la pequeña Caperucita se acercó a la cama y dijo asombrada:
-Abuelita... qué ojos más grandes tienes...-
-Son para verte mejor...-
-Abuelita... qué manos más grandes tienes...-
-Son para acariciarte mejor...-
-Abuelita... qué orejas más grandes tienes...-
-Son para escucharte mejor...-
Abuelita... qué boca más grandes tienes...-
-Son para ¡comerte mejor!-


Y abalanzándose sobre la niña, intentó comérsela, pero la niña consiguió escapar de las fauces de aquel malvado animal y se escondió en un armario. Mientras tanto, la pobre abuelita estaba encerrada en el baúl escuchando todo muy asustada.
   El lobo estaba hambriento y quería comerse a la niña y a la abuela, pero como no las encontraba fue a la cocina en busca de comida, se comió todo lo que encontró más lo que la pobre Caperucita llevaba en la cestita. Después de aquella comilona, el lobo empezó a sentir mucho sueño, se metió en la cama y se quedó dormido enseguida. Tan bien le estaba sentando aquella siesta, que comenzó a roncar de una manera estruendosa, tanto que los ronquidos alertaron a un cazador que vivía allí cerca.
-Que ronquidos tan ruidosos... Voy a ver a la viejita, tal vez no se encuentre muy bien y necesite ayuda-
Al entrar en la casa, vio al lobo acostado en la cama durmiendo plácidamente y escuchó unos sollozos, eran la pobre Caperucita y la abuela que seguían escondidas muy asustadas.
El cazador las buscó hasta encontrarlas y les dijo:
-Le daremos un buen susto a este malicioso lobo para que se vaya de aquí y nunca regrese-.
El cazador cargó su escopeta y disparó dos veces ¡pum pum! y el lobo al escucharlo se despertó y asustado salió corriendo de allí.
-Vete y no vuelvas- gritaron Caperucita, la abuelita y el cazador.
La niña se sentía un poco culpable por todo aquello, si ella no hubiese hablado con el lobo, nada de eso hubiese ocurrido, así que prometió que nunca volvería a desobedecer a su mamá ni a hablar con desconocidos ni a entretenerse en el bosque.
Y colorin, colorado, este cuento se ha acabado, si quieres que te lo cuente otra vez, cierra tus ojos y cuenta hasta tres...1... 2... 3...




 

 

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